Château Les Croisille
Cahors

El pueblo de Cahors es una belleza. Se estableció a un costado del río Lot, sobre un acantilado. Es la cuna de la malbec, que nació en este lugar y era muy apreciada desde el siglo XII.

El Château Les Crosilles tiene un linda historia. Bernard y Cécile Croisille decidieron aventurarse en el mundo del vino y la vida campesina, así que compraron y sembraron un domaine de 7 hectáreas de vid en el año 1979. Durante años se dedicaron a desarrollar su viñedo, así lograron sacar su primera vendimia en 1984.

En 2008, Germain, el hijo mayor de la pareja, entró a trabajar en el viñedo con sus papás. Con su apoyo y su visión de joven enólogo lograron impulsar una dinámica nueva y subieron el nivel de sus vinos. Gracias a su ayuda adquirieron nuevas parcelas que le dieron una mejor expresión a la uva malbec, así como autenticidad y elegancia a los vinos.

La vinificación también se volvió más compleja: empezaron a utilizar materiales como el acero, el concreto, la madera y la propia roca calcárea en este proceso. Germain desarrolló una cuvée con la idea que el vino tiene que envejecer en el mismo material que compone su suelo; así surgió la cuvée La Pierre, criada 12 meses en un tanque hecho de piedra calcárea.

La piedra calcárea es como una esponja y retiene agua; por ello, las malbec que crecen pueden ser muy elegantes y finas. La vid vieja busca agua en los suelos profundos y absorbe minerales. Esto produce vinos con acidez y taninos presentes, pero finos. El aroma que resalta y predomina es el floral, concretamente, el de la violeta. Estos vinos son el complemento ideal para platos de carne semigrasosos. Van de maravilla con el pato en confit y en magret en pâté.

La uva malbec, aunque es oriunda de Cahors, ha sido adoptada en Argentina. Los vinos que producen en dicho país tienen un perfil muy diferente, mucho más frutales y alcohólicos. Son vinos simpáticos, fáciles de tomar y llenos de color y de vida. Los dos se pueden beber y apreciar de igual forma.

Gracias a su nueva fama a nivel mundial, la región de Cahors se levantará y volverá a producir más vino. Afortunadamente, existe gente como los Croisille, que han aceptado el reto de producir de nuevo en regiones vitícolas abandonadas.

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